lunes 7 de diciembre de 2009

Negro a quemarropa


Ella enfriaba el hielo de su copa entre los labios, mientras yo me contagiaba de la arrogancia de la ginebra . La verdad es que el mundo nunca se paró por la belleza, pensaba, mientras trataba de discernir si ella era obra del cirujano plástico o de la Vírgen de Lourdes. Creía entonces que era ese tipo de mujer cuyo animal favorito es la cigala y no dudaba entonces que lo mejor de su conversación iba a ser el chicle pero, por desgracia, me equivocaba. Vestía un ajustado negro a quemarropa mientras yo ponía el último disco en sus oidos, en este viejo bar de un pueblo al que la madrugada lo disfraza de ciudad.

- ¿Un trago?
- Bebo por placer, no por consuelo, así que puedes ahorrarte saliva y hielo.
- Bailas muy bien sentada.
- Me han dicho que escribes
- Antes lo hacía, un blog con tinta china.
- Lo leeré con mis gafas de no ver. Hazlo antes de la una, que es cuando caduca esta sonrisa.

Yo buscaba sólo un beso de fogueo, no a una gogo que llevara tatuados los principios (True, Beauty, Freedom, Love) de la Revolución Bohemia, cuando ser gogo y de Valladolid ya es suficiente contradicción. Estudia Arte Dramático, aunque sus piernas tenían más de arte que de drama, y, poco más tarde, su "Tuenti" me reveló que tiene ese tipo de amigos que, como los presos de ETA, siempre van en chándal. Quizá por eso Ava Gadner no tenía Internet, los mitos se derrumban cuando posan para una fotografía con un vaso de calimocho en la mano... aunque creo que quizá por eso me gusta más.

No derramé mis lineas por ella hasta ahora, pero desde esa noche no puedo dejar de pensar en lo azules que eran aquellos ojos negros y, de todos modos, no he encontrado otra excusa mejor para hacerle caso a ese viejo y gran amigo que me insiste en que la mejor redención siempre pasa por volver a escribir.

"Gracias por ser español"


Hace falta un raquetazo para que en este país se cante "Gracias por ser español". Manda huevos, que diría el poeta. Creo que fue a Alvite a quien le leí que "En España sólo se sale de la cama para cambiar de cama". Antes a los poetas se les hacía un busto en un parque, y ahora a los deportistas se les pone una rotonda. Lo dicho, manda idems.




Leo que una señora se acampa en un aeropuerto y le ofrecen hasta una casa para que deje su dieta de hambre y titiriteros a lo Bardem, como si el problema del Sahara se resolviera engordándolos (a ambos).

Primero nos fuimos de aquella provincia (española) con el sable entre las piernas, y ahora les pondríamos un pisito a todos en la Castellana con tal de que no lloren mucho en televisión ni molesten al hermano moro. Vivo en un país que escribe sus leyes en papel higiénico, derrocha pagando a piratas y parados, y sólo gana batallas en tierra (batida), y en el que, pese a todo, encuentras excusas para cantar "Gracias por ser español", aunque te cambien la música del himno por una canción de La Mosca.

Después de todo...

Así empezaba Gabriel Albiac el mejor y más efímero programa de radio que he podido escuchar y guardar entre el oido, la memoria, y el disco duro:

Después de todo...

"Hora de encerrarse en la memoria, hotel de juguetes rotos, cuando ya, del tiempo del reloj, queda sólo una muy poco verosimil mecánica. Pero a estas horas, de verdad que el corazón ya no duele, y la memoria puede evocar los tiempos perdidos como cosa que no fue del todo nuestra. En la piadosa mentira de nuestras mitologías, fantasear que hubo otra vida. Otra vida en la cual cada sueño tuvo su lugar exacto, el espacio exacto de las hermosas mentiras de Johny Guitar:
- 'Dime una mentira, Diana, dime una mentira'.
Mentir, mentirnos, saber que no hay verdad más que en esas primordiales mentiras que quedan antes de que el sueño se borre, antes de que el sueño nos borre, antes de que el sueño borre, por un momento, el mundo".


De fondo, suena John Cale con esta versión de "Heartbreak Hotel".

http://www.youtube.com/watch?v=73Bn0Kq7rls

Quizá la prueba más palpable de que la vida es una radio, apenas ruido de fondo.



martes 21 de julio de 2009

La Luna, un año antes


Un 20 de julio de 1968 llegó, creo que desde la Luna, mi amigo Paco Cañamero. Muchas veces, desde entonces, ha mirado -y hemos mirado juntos- ese "medallón de plata entre los hermosos pechos de la nada", porque sus lunas, sus noches, fueron a veces su balsámico refugio contra el picante calor de la envidia, ese sol agresivo y rugiente al que le jode cualquier otro brillo que no sea el suyo.

Por eso creo que mi amigo Paquirri vino desde allí, y muchas veces parece que allí sigue, haciendo caso a eso de que "la gran revelación de la Luna no corresponde a los científicos, sino a los poetas, como se había dicho siempre".

Ahora, que trisca montes y pasea menos por la sombra artificial de la noche, oculta su cumpleaños como esa cara escondida, coqueta y maquillada de la lunera rijosa que es.

Yo, hoy, quiero felicitarle aunque le joda. Ha sido un año duro para ambos, pero si algo nos ha enseñado la Luna es a aguantar pisotones y, pese a todo, seguir girando.

Compadezco a quienes dicen tener los dos pies en la tierra. Yo, al menos, quiero seguir hollando cerca de esa Luna cuarentona color gin tonic de mi amigo Paco, que ha inspirado algunos de los mejores poemas, y casi todos los brindis que algún día merecieron la pena.

PD. Un año después que él, llegaron los americanos. Dicen.


viernes 5 de junio de 2009

sonrisas del ratón


Aprovecho este guadianesco reencuentro con el blog y que mi tiempo libre me permite ahora mirar de oidas en internet, para recomendar placeres casi con remordimiento, como este blog casi inédito para mi donde he encontrado cosas como esta, con una belleza casi halógena, con una turbia limpieza.

Su nombre "cuandoelmosquitoentraenlabombilla (está dormido)"

http://mickname.wordpress.com/2009/04/18/la-princesa-de-hojalata/

sábado 16 de mayo de 2009

Julián Lago, un hombre no tan solo


Julián Lago acababa sus muy recomendables memorias "Un hombre solo" con este poema de José Hierro.
"Después de todo, todo ha sido nada
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo,
supe que todo no era más que nada...
Qué más da que la nada fuera nada
si más nada será, después de todo
después de tanto todo para nada..."
Después.
Ya era después (...)
Cayó la noche y calló el silencio", escribe Lago.

Una lágrima seca, y un recuerdo, 'casi unas memorias', para uno de los mejores periodistas de España, un jirón de su Historia (y de nuestra historia) reciente, y una voz ronca y quebradiza como suele ser la de la verdad, a la que siempre recordaré gritando con las manos precintadas en los bolsillos, desde el fondo de un pasillo que sin él se hizo mucho más largo: "¡¡¡Cañamerito¡¡¡".
Paco es su amigo. A él se le va un amigo.
A los demás, cuando menos, se nos va un ejemplo de periodista, y un hombre renacentista, de pasiones cultas y rotas, sin el que el mundo es un poco más inhóspito.
Suerte Julián. Seguro que después de todo, no todo ha sido para nada.

martes 5 de mayo de 2009

Parado, no quieto

Sobre las diez, la mañana todavía huele a despertador, colutorio barato y café recalentado.
Un aparato de esos de carnicería expende los turnos en esta cola donde la carne caliente y hambrienta se apila fuera del mostrador. En fila, el sesenta y ocho lleva esas corbatas falsas que se mienten a sí mismas cuando se anudan como si la rutina fuera un día más de trabajo. El sesenta y nueve ha equilibrado el desaliño de su camisa con cuatro manchas simétricas, como sus cuadros marrones, como su alma de mantel. El setenta ha tenido la decencia de dejar la navaja en recepción. Bueno, quiza no, tampoco hay detector de metales, ni falta que hace. Quien va a robar en el INEM, a este ejército de parados mendigando un trabajo. Yo soy el 71. Detrás de mí, una mora encapuchada que mira extrañada tamaño ritual para algo tan normal para ella como es no tener un trabajo, un sueldo. Su niña llora, aunque todavía no sepa los motivos exactos. Ya los sabrá. Un traje azul rechina al fondo. Su barba como un bosque perféctamente talado, las canas justas para arquear un flequillo a navaja; un brillo no forzado, casi natural en los zapatos acordonados sin nudos amontonados uno sobre otro, destacan entre las zapatillas raidas y los chándal terminales con los que la mayoría se acomodan ante la vida dura. Quizá para él sea también la primera vez.

Entre los asientos, los uniformados con vaqueros baratos fuman sin tabaco. Sabor a Ducados de obra y birra, que no se despega de la boca al hablar, ni años después del último andamio. "Vengo a renovar la cartilla". Si no lo haces, te penalizan con un mes de prestación, me dicen. Pedir tiene sus turnos, sus horarios, y sus calendarios. Esto no es La Purísima, sino "la empresa más grande de España", sonríe Rufino mientras rellena mi ficha, consciente de que uno de los pocos a quien no le va a faltar clientela es él. Tiene la nariz gruesa y larga, como un gancho de carne roja, y el escaso pelo dividido en dos bandos blancos. Su empresa ahora se llama Ecyl, porque hay que dar trabajo a los de los rótulos que bautizan en cada autonomía lo que tiene distinto nombre pero la misma cara. La del paro, metafórico rostro tan facetado para quienes se deben poner mano sobre mano aguardando, quietos, sin mover músculos ni ilusiones, a la espera de un rescate que no cae en este mar muerto de sal que escuece, quizá porque de sal viene salario. No son parados. Son paralizados.

Las mesas son de madera nueva barnizada de cansancio y decepción, conglomerado gastado de codos y de historias. "Y tú, ¿qué sabes hacer?". Buena pregunta. Escribir, supongo.
"De eso, no suelen llegar muchas ofertas por aquí, pero tranquilo, veo que tienes dos años de prestación". Dos años de sellos entintando la espera como alquitrán que pega los pies, colas donde se apilan algunos semiprofesionales ("a mí, me tienen en el hotel nueve meses, y me echan otros tres"), sillas azules para culos grises y carpetas como impostando cierta importancia a unos papeles que no dicen nada más que no tienes nada. Dos años en los que el tiempo le trabaja a uno por dentro, como el mar les trabaja a los ahogados.

No gracias. Parado, sí. Pero yo no quiero seguir quieto.

sábado 18 de abril de 2009

Gracias resucitadas






La palabra gracias, como las tarjetas de crédito, se suele usar para comprar baratelas. Yo, que pago con efectivo y en billetes pequeños mis amistades y mis deudas, la guardaba para momentos especiales. Como este, en el que me siento tan extraño como quien recibe una buena noticia escrita en la tapia del cementerio.

Por eso, hoy sí, la uso con toda su etimología y sus mayúsculas, sus venas con sangre de sinceridad y sus hombros mojados. Porque quiero dar las gracias a quienes ellos ya saben. A quienes me han llamado, escrito o simplemente dedicado un pensamiento. Especialmente a quienes se alegran de mi despido, que ya sabéis que me va la caña. Siento no haberos escuchado en persona, pero ni siquiera yo le puede negar un par de días a la melancolía y ya sabéis que la venganza requiere mucho papeleo y no soy de mucho madrugar. Así que, mejor esta expiación en colectivo, por no repetirme a cada oido al que le debo un abrazo.

Especialmente en esta capilla me confieso deudor de ese hermano mayor que me ha salido de chico, Cañamero, y de ese hermano chico que me ha salido de mayor, Víctor Soria. También de Fernando Vegas. Él fue el abogado de Navalón y de Cañamero, cuando también los echaron de Tribuna. A ninguno de los dos les llego a los talones, pero si la vida es biografía, ya me queda menos. Gozo de su amistad y de su toga. Mi 'Famiglia' no necesita que le diga quienes son y lo que los quiero.

Me han despedido de un sitio en el que entré hace casi nueve años como un niño con juguetes en forma de letras, y del que salgo por seguir jugando con ellas. Han cambiado las normas, hace meses que se acabó el recreo. Hay quienes entienden el periodismo como oficina, sello y timbre. Funcionarios, víctimas de la impotencia ante un oficio excitante, a los que les jode que a alguien se le empalme escribiendo porque no hay viagra para la mediocridad.

Por motivos que mis íntimos conocen, he tratado de adaptarme al gris, renunciando incluso a muchas cosas en las que creo. No fue suficiente para ellos. Me despiden por escribir algo capado de antemano. Me despiden por tener un estilo al que, ni queriendo, puedo renunciar del todo.

En el fondo me hubiera gustado no defraudar mi mala reputación, algo que me ha costado mucho ganarme, pero me despiden por algo tan simple como hacer mi trabajo. Y, para que conste que de nada tengo que avergonzarme, he aquí mi sanción. Expresiones que juzgan como sacrílegas y a las que yo ni le veo el filo, respecto a algo tan vulgar como un robo en una casa de putas. Pincha en ella, leela, y juzga tú.

Por motivos de prudencia judicial, no valoraré ni el despido ni a quienes lo firman. Todavía. Sólo diré que no es que sean malos periodistas, es que ni siquiera son del gremio.

Sigo creyendo que, por muy mal que se utilice, nada hace más daño a un idioma que el silencio. No decir nada por mucho que se escriba es la forma más cruel de ese silencio. A muchos no les gusta cómo escribo y tampoco me creo especialmente bueno, pero, aunque crean que me perdí por el camino, ojalá nadie dude que siempre he buscado "la luz, la audacia, la verdad, el grito". Por eso, pese al dolor de quien se va de su hogar sabiendo que ha permanecido en él justo el tiempo suficiente como para arrepentirse, comparto con vosotros esta mezcla de liberación y decepción. A partir de ahora, que sigan matando al idioma los mediocres que se suicidan en el enemigo.

Decía Bukowsky que "tres cosas necesita un hombre: fe, práctica y suerte". La fe viene de serie. Es lo que tenemos los egocéntricos. La práctica se la debo y se la agradezco a quienes construyeron Tribuna, hoy más que nunca, a unos por acción y a otros por omisión, y no a quienes ahora la sepultan. Y, respecto a lo último, en la vida, como en la pesca cuando falla la suerte hay que estar preparados para la amarga valentía de comerse el cebo, que dijo el poeta.

Lo escribí cuando empezó todo esto: "Somos nuestro nombre. Somos el nombre que nos pone la gente. Hay que estar a la altura del seudónimo. Hay que rubricar la propia biografía con una firma insistente y fija, tanto en los crímenes como en los sonetos". El que lucha contra su propio nombre está suicidándose trabajosamente. Como dijo Cocteau, pertenezco a la raza de los acusados. Sección deliciosamente culpables, añadiría yo, aunque no de desobediencia, sino de estilo.

Nunca pretendí la patente del buen gusto, ni la tengo ni la quiero, pero sí la aspiración a tener lo que Umbral llamaba "voz propia. Literatura es escribir las cosas como no las escribe nadie. Ni mejor, ni peor, distinto".

El talento se da, o no se da, y sólo cuando no se da el talento se crea una academia. Y yo nunca cumplí con mis matrículas. Así que discúlpenme éste desahogo y a esos que estudiaron para mediocres y sacaron notable, simplemente mi piedad. Lo suyo no se pasa con un par de gin tonics. Cuando se vean en el espejo de su periódico, apliquen la máxima de Stevenson: "Al escritor que le falta la gracia, le falta todo".

Gracias, entre otros a vosotros, empiezo a ver un puñetazo de luz a oscuras.

martes 24 de marzo de 2009

La penitencia por vivir en un rosario

Si Jesús hiciera lo de los panes y los peces todos los días salvo los lunes (por descanso del personal), de dos a cuatro y de ocho a diez, no sería un milagro sino un menú del día. 'Fast food' del 'Judea Fried Chicken', dirían, porque el asombro necesita de la excepción para no convertirse en rutina, en una sopa de asilo, aunque el caldo sea de golosina. José Tomás corta orejas y desgasta hombros como hace un año, pero en Castellón, dicen, ya no le despiden con relicarios porque no hubo ¡huys! con esa hache tan intercalada de sangres.

El problema de vivir en un rosario es que el personal se acostumbra a que los misterios sean Gozosos, Dolorosos, Luminosos o Gloriosos. No hay un Ave María que rece a quien simplemente hace bien su trabajo, compra el pan, y regresa a la patria de su sofá, por mucho que profesión venga de fe.

Dicen que no va a Madrid porque el flautista quiere seguir escribiendo su evangelio en papel moneda. Yo prefiero creer que Tomás no quiere que le televisen porque se está pintando su propio retrato, y para eso no hacen falta cámaras, sino un pincel de trapo rojo, para escribirse a puerta cerrada, que es como querría torear, y como estoy casi seguro que lo hace cuando está sublime, tan harto de que quienes le van a ver le mastiquen con las pestañas a ver si le hacen sangre y lo entierran con Manolete o, vaya usted a saber, con Kennedy.

Uno, que es más tomasista del Santo Tomás de antes de Sabina, todavía cree sólo cuando ve. Y, por si acaso, mientras tanto tampoco hace mucho caso a lo que oye, porque el de los profetas, como el de los periodistas, siempre fue un gremio muy chaquetero. Amen.

domingo 1 de marzo de 2009

Ficciones antes de las fricciones


Noelia, (pongamos un nombre de canción) bebe versos rubios, como muerde una oración.
Siempre se la juega al 13. Y toca.
Rojo o negro, depende del color del sujetador.
Tiene rizos como botellas llenas de acentos,
tiene amigos maricones en technicolor.
Cada vez que la veo la invito a una espuma a ver qué pasa,
con mucho jadeo en el qué,
sin que asalte ese 'no' de Vallekas impostado
con el que me repele por tío raro.
A mí, ya ves, que nunca me peino al gusto, pero me peino.
que nunca me sincero al gusto, pero me sincero.
La escribo en bikini, me rindo en sus murallas;
arrío el pantalón, hasta que su compadre me deja sin agallas.
13, impar y negro, gana la banca, que se llama Noelia (por poner un nombre de canción).
Siempre gana, y yo beso la última ficha roja como besaría su pezón.
Creo que le gusta como escribo; qué más da.
Juega sus fichas y las mías bañándolas en la ruleta, y siempre gana.
Y ríe antes de enfadarse, como afilando los labios,
con esa risa tonta que tienen quienes no saben que la mejor canción la escribe siempre el perdedor.

(Casi escrito, casi en abril, casi en Sevilla)

viernes 20 de febrero de 2009

La isla del tesoro



Entre la carne amurallada y tostada de la Gran Canaria encontré que el árbol del Paraíso no ofrece manzanas, sino que destila arehucas, carta oro del pecado original. Llueve hoy en mi isla,como quien friega el suelo antes de un banquete, y desde el galeón con alas con el que atraco en ese puerto sueño, como todos los piratas, con encontrar el tesoro o al menos no dejar una gota de ron. Quizá la felicidad sea un código postal con buzón de mar o quizá sólo un trozo de playa donde varar, como esos delfines que hartos de sonreirle a los peces idiotas mueren soñando con andar un par de pasos. Sale el sol en esta isla feliz que ríe porque sabe que siempre vale más el mapa que el cofre de un oro falso que, al fin y al cabo, no es moneda de curso legal.

martes 3 de febrero de 2009

¿Qué cerramos antes, la puerta o la boca? (y 2)


Desnudémonos de literaturas, sólo por esta vez. Pedimos que se nos salve en nombre de la libertad de expresión y nos condenamos, por ejemplo, en Francia, donde Sarkozy acude con un plato de euros por periódico alquilandonos como a putas con un título de mecanografía. Nada nuevo, pero mucho más obsceno que el habitual riego de publicidades de Turismo y carreteras, con agendas de propina, con las que mansean nuestros lomos o los de nuestros redactores jefes.

Mírate al espejo, si tú hablas así de esta Libertè, y pregúntale al que ves enfrente si podría escribir la verdad más irrefutable si esta afectara directamente a los intereses de su empresa, de su editor, o al gobierno u oposición de su trinchera. No merece la pena mentirse. La primera vez que me censuraron me dijeron que la institución de la que pedía su extinción pagaba el faldón de publicidad que sostenía mi columna. No lo rehice pero, que más da, no se publicó. Por entonces escribí por aquí que siempre quedará a unos pocos el lujo africano de no poder decir lo que pensamos, pero al menos no tener que publicar lo contrario. No todos pueden decir lo mismo. Cada vez menos.

Mi periódico se ha promocionado con pulseritas de vírgenes, y el de enfrente regala películas de Cantinflas. ¿Qué coño tiene eso que ver con la libertad de expresión? ¿Seré menos libre si mañana cierra el As? Somos un producto de comunicación, ensaladas de entretenimiento e información si se quiere, Tengo compañeros con la cabeza amueblada de cajones y breves a dos columnas, y algún jefe que estudió para mediocre y sacó notable. El, para mí, mejor periodista de mi ciudad da clases de español en Letonia mientras un novelista y varios poetas se pudren en páginas de campo o de 'noticias' sobre la asociación de amas de casa. Otros arrancan sus mil euros de un horno de pan, o de un taller mecánico. Un hombre en paro es igual de trágico y de rescatable, e incluso de libre en su expresión, sea cual sea su asiento en este vagón quebradizo de la vida.

Vivir es elegir. En este caso, quizá, entre qué cerrar antes en nuestros medios. La puerta o la boca. Yo, al menos, lo tengo claro. Si crisis significa cambio, el periodismo debe seguir teniendo, "como el agua, la forma cambiante de la curiosidad"